Lo que movió a los Griegos a filosofar fue el asombro, y este asombro fue ante todo asombro por el cambio; es decir, por el hecho de que las cosas pasen del Ser al No-Ser y viceversa. Ese cambio o devenir se manifiesta en múltiples fenómenos del universo.
Heráclito vivió hacia comienzos del siglo V a.C. y era natural de Éfeso, una ciudad ubicada en Jonia. Expreso que la realidad no es sino devenir, incesante transformación. Uno de sus fragmentos más conocidos, el número 91, reza lo siguiente: “Nadie se baña dos veces en el mismo rio”. Ese rio, el rio de Heráclito simboliza el cambio perpetuo de todas las cosas, aunque el fragmento se refiere a que nosotros también cambiamos. Por tanto, lo substancial, lo que tiene cierta consistencia fija, no la puede tener sino en apariencia. Todo lo que se ofrece como permanente es nada más que una ilusión que encubre un cambio tan lento que resulta difícil de percibir.
Los griegos a través de su lengua – porque todo lenguaje implica una determinada forma de encarar la realidad-, pensaban al mundo como una totalidad ordenada, armónica: el mundo era para ellos la armonía, la disposición ordenada de todas las cosas, siempre. Heráclito sostiene que el mundo-cosmos no es obra de los dioses o los hombres. Por el contrario, el mundo siempre fue, es y será. Es decir, para Heráclito, el mundo es eterno, de duración infinita y fue el primero en presentar en Grecia un concepto de eternidad que es “infinidad temporalidad del Ser”. Con esta idea de unicidad niega la pluralidad de los mundos; el mundo es Uno, uno es el que cambia. Para Heráclito el mundo es “fuego siempre vivo”.
Se puede pensar que “fuego” designa el principio o fundamento de todas las cosas (fundamento=arjé), como especie de material primordial del que todo está hecho. Pero también puede pensarse que “fuego” sea una metáfora, una imagen del cambio incesante que domina toda la realidad, elegido como símbolo porque, entre todas las cosas y procesos que se nos ofrecen a la percepción, no hay ninguno donde el cambio se manifieste de manera tan patente como en el fuego: el fuego bien pudo haber sido para Heráclito símbolo del cambio y a la vez motor y substancia del mismo. El fuego es un principio generador, autoformador, auto-ordenador, inmanente o unido a todas las cosas. En el fragmento 30, concluye diciendo que el fuego (mundo), se enciende y se apaga según medida. Junto con la del Fuego, la otra idea fundamental de Heráclito es la “medida” de ese cambio, la regla o norma a que ese devenir está sujeto. El cambio no es cambio puro, sino un cambio que sigue ciertas pautas; aparece por primera vez el concepto de lo que luego se llamará “Ley Científica” y que Heráclito denomina “Logos”.
Esa “Ley” o “Norma” la piensa Heráclito como ritmo u oscilación entre opuestos; en otro de sus fragmentos celebres se lee: “La Guerra –la discordia- es el padre de todas las cosas, a algunos ha hecho esclavos y a otros Reyes” (Fragmento 53). “Guerra” es un nuevo nombre para el cambio, en griego se escribe polemos y también significa multiplicidad y discordia entre opuestos. Es lo que gobierna y domina las cosas: el cambio implica el par de opuestos Ser y No-Ser, como si fuesen contendientes o contrincantes. Heráclito concibió lo absoluto (el mundo) como proceso dialectico porque en ese proceso se realiza la unidad de los opuestos, la coincidencia de los opuestos: “Todas las cosas ocurren o se generan según la discordia”.
Para Heráclito, la Guerra no es desorden, sino por el contrario una armonía: la que de una pluralidad de cosas y acontecimientos discordantes hace al cosmos único y ordenado.
Consignas:
1-) Desarrolle las ideas principales de Heráclito, citando ejemplos cotidianos.
2-) ¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre el pensamiento de Heráclito y la propuesta de Parménides?

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